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Botella oro fundido

Zlatimir Kolarov

Sus piernas habían adelgazado por la miositis, del cortisona se había llenado en la cadera, parecía cansado, caído. Entro en la oficina para agradecerme por los cuidados. Llevaba una bolsa de plástico. Lo invité a sentarse. Se dejó caer con todo su peso en la silla y suspiró. Empezamos a hablar.

“Me enferme, mi hijo murió y todo comenzó…”, dijo. Lo miré con sorpresa, y él agregó: “Accidente de transito, con moto. Conducía con treinta kilómetros, pero de la estación de servicio un coche se le cruzo en el camino y otro lo embistió…”. Sus ojos se humedecieron. Me quedé mirando al otro lado para no molestarlo.

“Entonces, la mujer me dejó, ¿como se ocupará de un hombre enfermo?”… Con la palma de su mano acarició sus delgados muslos y siguió – “Ella vive su vida. El otro hijo se casó en Kozloduy y ahora vive allí. Tuve que alquilar, porque no quería el departamento de mi mujer”. El hizo una pausa. Después de un rato, dijo: “A veces así es como comienza, mucho y de todo. Luego continúa así durante años”…

Inconscientemente frotaba sus muslos con las palmas de las manos, como si los masajeara para devolverles su antigua fuerza.

“Después me junte con una divorciada. Durante tres años estuvimos juntos hasta que su hija terminó la escuela y se fue en Alemania. Y de nuevo me quede solo…”- sus ojos otra vez se humedecieron. Miré hacia otro lado de nuevo, para no molestarlo.

“Mi padre me dice que me vaya a vivir con el en un pueblo en la región de Teteven. Tiene ochenta y cinco años, pero esta bien para su edad. Esta aguardiente (rakia) es de él, tiene doble destilación” dijo y sacó una botella de un litro de la bolsa y la dejó sobre el escritorio.

“La guardaré para mí”, le aseguré, para hacerlo feliz de que su gesto fuera apreciado.

“Cuando me siento mejor para poder manejarme solo y no molestar a mi padre, regresaré al pueblo. Allí, en el aire libre, con alimentos orgánicos, ¿puede ser que me siento mucho mejor, y esto tendrá un buen efecto sobre la enfermedad, no?”, dijo mirándome a los ojos.

“Tal vez”, le aseguré.

“Yo también pienso así. Regresaré…” – hizo una pausa y agregó, “Bueno, no te quitare mas de tu tiempo”, se levanto con esfuerzo y salió de la oficina.

La botella de un litro con el liquido amarrillento estaba en el escritorio como si estuviera llena de oro fundido.

 

Zlatimir Kolarov nació en 1954 en Sofía. Casado, tiene un hijo. En 1980 se graduó en la Facultad de Medicina en Sofía con excelentes notas y una insignia de oro. Escritor, guionista, uno de los mejores doctores en la especialidad de reumatología.

 

Material enviado por Georgi N.Nikolov

Version en español: Axinia Ivanova

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